martes, 29 de septiembre de 2009

Giran $21 millones a la empresa que trajo el avión para Jaime

TEMA DEL DOMINGO: LA SOMBRA DE LA CORRUPCION El ex secretario de Transporte le otorgó a la firma Macair un permiso para volar la línea Aerochaco. Es la empresa que le había facilitado el Lear Jet que usó cuando era funcionario. La habilitación fue irregular. Las crónicas judiciales dicen que el ex Secretario de Transporte, Ricardo Jaime, está siendo investigado por usar aviones privados de empresas a las que debía controlar. Lo que se ignoraba hasta ahora, es que la empresa que le facilitó el más importante de esos aviones es la misma que, gracias a la firma de Jaime, recaudó en lo que va del año 21 millones de pesos por volar una aerolínea aprobada en forma irregular. Se la puede ver como una trama compleja, cuyos engranajes son sociedades, nombres fantasma y contratos más o menos privados. Pero también se la puede presentar como la sencilla historia de la firma de un secretario de Estado, con la que dio lugar a una línea aérea provincial con ambiciones desmedidas. En Aerochaco está el secreto. Aerolínea provincial quebrada en los años 80, fue recuperada en octubre de 2008 y se proyectó en el imaginario del gobernador de Chaco, Jorge Capitanich, como la línea de bandera del Mercosur. Sólo que, según la documentación a la que accedió Clarín, ese sueño parece el argumento moral para un negocio formidable y sin riesgos a favor de una empresa privada y a costa del Estado. Entre diciembre de 2008 y el 13 de agosto pasado, la provincia de Chaco giró 20.963.400 pesos a favor de la firma Macair Jet, administradora exclusiva de Aerochaco, por mantener y hacer volar dos aviones MD-87 -para 112 pasajeros cada uno- por ahora en vuelos diarios entre Buenos Aires y Resistencia, y en ocasiones entre Resistencia y Córdoba. Esos giros surgen de información oficial aportada por el gobierno de Chaco a la diputada del ARI chaqueño, Alicia Terada. La proyección del negocio supone que esos giros de dinero serán todavía mayores, ya que el contrato le asegura a Macair ganancias, y al Estado provincial, desembolsos. Hasta ahora, según la propia Aerochaco, los ingresos por venta de pasajes no alcanzan para cubrir ni la mitad de los giros. A Macair le pagan todo. Los pasajes completos -aunque el avión vuele vacío-, los sueldos del personal, los seguros, la atención de los pasajeros en tierra, el combusible, el mantenimiento del avión y los respuestos, según surge del acuerdo de partes firmado el 26 de noviembre del año pasado. "Es por lo menos un muy mal negocio para la provincia", dice Terada. Los actores del reparto son bien conocidos. Macair es una firma del Grupo Socma, que dirige el empresario Franco Macri. Ricardo Jaime, el hombre que habilitó los vuelos de Aerochaco y Macair, era una de las manos mimadas del ex presidente Néstor Kirchner hasta que debió renunciar, en los primeros días de agosto, por los escándalos de corrupción que lo salpican. De Capitanich se sabe: es uno de los gobernadores predilectos de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner y administra una de las provincias más pobres del país, según reconoce el INDEC. El negocio, claro, es hijo del permiso que habilitó los vuelos, a pesar de que la ruta Resistencia-Buenos Aires ya la cubre Aerolíneas Argentinas, hoy con dos y hasta tres vuelos diarios. Las gestiones de Macair ante la Secretaría de Transporte se iniciaron en mayo de 2008, pero recién prosperaron en el verano pasado. Casualidad, coincidencia o como se quiera llamarlo, la firma de Jaime llegó junto a otra gestión, la de uno de los directores de Macair, Carlos Colunga, quien se ocupó de traer al país un Lear Jet 31, con patente de Estados Unidos N786YA. Ese avión fue usado por Jaime en reiteradas ocasiones -todavía se investiga cuántas- para hacer viajes al interior del país (él es de Córdoba) y a Brasil, donde tiene a parte de su familia. Consultado por Clarín, Colunga negó la vinculación de un hecho con otro. "A mí Jaime no me quería nada, y me dio esa ruta porque no tenía otro remedio", sostiene. Colunga también dijo desconocer una carta que el presidente de su empresa, Leonardo Maffioli, le envió a Jaime en esos días. Esa carta, que se publica en esta edición, ruega la autorización para que se le habiliten rutas y vuelos a Macair. En la nota, Maffioli le asegura a Jaime que el negocio puede significar una facturación de 50 millones de dólares al año. Para ganar tanto dinero, sólo su firma. La respuesta llegó en febrero pasado. Jaime firmó una resolución y otorgó a Macair y a Aerochaco un "permiso provisorio" para volar rutas regulares dentro del territorio argentino. Sólo que ese trámite fue irregular, porque sorteó una de las obligaciones de los procesos de concesión de rutas aéreas, nada menos que la audiencia pública en donde se evalúan costos y beneficios. En las audiencias, además, los organismos de control y los demás actores del mercado aeronáutico pueden revisar de qué se trata lo que está por firmarse. Colunga, el directivo de Macair, intenta descalificar esa falta diciendo que "es un permisito para un vuelo que nadie quiere". Pero la irregularidad fue reconocida a Clarín por voceros de la Secretaría de Transporte. "Macair ya tenía una autorización para otros vuelos y lo que se hizo fue extenderla. De todos modos la intención es regularizar la situación", explicaron. El Secretario de Transporte que reemplazó a Jaime es Juan Pablo Schiavi, quien, según comprobó la Justicia, también usó el misterioso avión con patente estadounidense. ¿Corregirá él la situación? Las sospechas giran alrededor de Jaime y su poder de firma, capaz de generar millones. Una pesquisa de quien era fiscal de Investigaciones Administrativas, Manuel Garrido, comprobó que Jaime usaba, desde 2006, distintos aviones privados para moverse dentro del país y rumbo a Brasil. Muchos de esos aviones eran de empresas a las que debía controlar, y no todas le cobraban por el servicio. En la denuncia de Garrido, realizada en febrero pasado, se incluyó a Macair, dueña de más de diez aviones, como una de las empresas que ponía naves para los vuelos de Jaime. En teoría, esos sí eran vuelos que el Gobierno pagaba. Algo cambió en el verano. Acaso fue una señal de alerta por la investigación de Garrido, pero lo cierto es que Jaime dejó de usar los aviones que acostumbraba. De repente, se lo vio a bordo de un Lear Jet, el de patente de Estados Unidos. Clarín accedió al contrato entre el vendedor de ese avión, el Banco de Utah, y el comprador, una firma llamada Pegasus Equity Investments, con sede en Costa Rica. El contrato fue firmado el 24 de diciembre de 2008 en Estados Unidos y en su tercera página, en el punto referido al "Operador", se establece que el Lear "será explotado en la Argentina por la firma Macair Jet S.A." (ver Documentos). También se establecían las cuotas con las que sería pagado el avión, en total a un valor 3.482.025 dólares. Como la firma Pegasus parece más bien una pantalla -un albañil figura como uno de sus dueños- la Justicia comenzó a investigar si en realidad el avión no es de Jaime. ¿O es acaso de Macair? ¿O es un regalo de Macair a Jaime? De ninguna manera. Yo sólo di una mano para que lo trajeran, pero nunca volé ese avión-, jura Colunga. ¿Por qué Macair figura como el operador exclusivo del avión? No sé, a mí nadie me pidió permiso para eso. Si lo pusieron en el contrato fue sin consultarme. Colunga declaró en la causa judicial que investiga los vuelos de Jaime, a cargo del juez federal Norberto Oyarbide. En julio, en el primero de sus tres testimonios, admitió haber colaborado en traer el avión al país -dijo que había conseguido los pilotos- y que lo hizo a pedido de Julián Vázquez, hijo de Manuel Vázquez, un lobbista que trabajaba para Jaime y compartió con él varios de los viajes investigados. Los caminos de la Justicia están, ahora, en eso: en la senda del Lear Jet de patente estadounidense y de la firma Pegasus. Ajena al trajín de los despachos judiciales, la pobre Chaco ve llegar y salir, día a día, a un avión para 112 pasajeros. El cartel de Aerochaco en su fuselaje, no alcanza para tapar una historia de intrigas y sospechas. Por Gerardo Young Publicado en clarin.com